El
amor, la tragedia que este sentimiento genera en el género
humano, es uno de los temas más recurrentes de nuestro teatro
clásico. Lope de Vega maestro de maestros, cuyos textos han
sido de los más adaptados a lo largo de todos los tiempos,lo
es ahora de la mano del director Etelvino Vázquez,quien con
el montaje de " El Caballero de Olmedo" pretende
contextualizar el argumento de la obra -atemporal, por otra parte-
en nuestro tiempo, algo, desde su punto de vista, " perfectamente
oportuno", puesto que El Caballero de Olmedo habla de
eso, " del amor, de la dificultad para la pasión
amorosa entre dos jovenes", del amor llevado más allá
de la muerte de los fatales desenlaces. La acción, centrada
en la pareja de Don Alonso y Doña Inés y su irracional
pasión, discurrirá sorteando los innumerables obstáculos
que se les presentan para lograr su amor. Una pasión que sera
, como advierte Vázquez todo el hilo conductor de la puesta
en escena, " de esa llamada que se encendió a apartir
de los ojos, de esa mirada, de ese amor del que todos los actores
serán sevidores.
La
tragedia en la que nos recreamos, gracias a la dirección de
Etelvino Vázquez
(sobre la versión hecha por Francisco Rico), acontece sobre
un puñado de tierra que los mismos protagonistas esparcen para
delimitar su circulo particular, mágico-trágico donde
el resto de personajes irán creando un universo sonoro que
los envuelva, "que lo enmarque y los acompañe en su caminar
hacia la muerte". En opinión del director, "hablar
del amor siempre es hablar de nosotros mismos, de nuestros anhelos,
de nuestras inquietudes, necesidades, miedos..., incluso de nuestra
imposiblidad de amar". Vázquez añade "hablar
de nosotros mismos es la única manera que tenemos de hacer
teatro". Con "El Caballero de Olmedo" ademas
de la delicia que supone siempre Lope de Vega, tenemos la oportunidad
de entender los sentimientos, las miserias, y las grandezas de la
humanidad no tienen tiempo, no pasan de moda, son reiterativas, hermosas
o crueles tanto en el siglo XVII como en nuestros días.
En
palabras de Francisco Rico, autor de la adaptación, "
el enredo y la aventura con la que se inicia la obra, prende de inmediato
al espectador. Pero lo que empieza cargado de humor y jovialidad,
comienza a descifrar pronto la crónica de una muerte anunciada".
El
escenario llega a ser presagio de desventuras y la acción,
cómica y chispeante al principio, se desliza hacia el más
trágico de los desenlaces y "se percibe intensamente el
amargo contraste entre el presente, aun feliz, y el destino que marca
el horizonte de los personajes. La obra se organiza a partir de un
prolongado flashback que fija en la memoria del público
la muerte del caballero y , a partir de ahí, marcha hacia atras
para ir revelando las circunstancias de esa muerte.
Para
Rico "junto a la melancolía por la caducidad de la belleza
y las grandes esperanzas, en El Caballero de Olmedo hay también
una limpia celebración del amor y la vida".