"CARA
DE PLATA"
Sobre
la obra
Podríamos
afirmar que Cara de Plata de Valle-Inclán nos habla
de un mundo que se termina, una clase social de hidalgos y campesinos
que muere víctima de sus contradicciones ante la irrupción
de una nueva clase social: el proletariado, por más que en
el medio rural, y más en el gallego, el proletariado esté
aún lejano.
Podríamos
afirmar, pues, que este conflicto sirve para anunciar un nuevo siglo,
el XX, y constatar el final del siglo XIX, la inevitable sustitución
de una clase social por otra. ¿No es de esto de lo que fundamentalmente
habló Chejov?
Podríamos,
también, decir que en la famosa trilogía de las Comedias
Bárbaras lo que Valle intenta es un gran fresco a la manera
de Shakespeare, aunque Cara de Plata, por la fecha de su escritura,
ya esté más cerca del esperpento que del mundo de las
Comedias Bárbaras.
Podríamos,
incluso, decir que Cara de Plata es ya el esperpento -el héroe
clásico ha ido a pasearse al Callejón del Gato- transfigurándose
en Don Juan, en Edipo o en Fausto, aunque el autor no la incluya entre
sus esperpentos.
Podríamos,
además, afirmar que, como otras obras literarias que Valle
conoce sin duda, Cara de Plata trata de dos jóvenes
-Sabelita y Miguel parecen unidos desde el primer momento por el amor,
por la juventud y por la belleza- a quienes los padres, con sus egoísmos,
les hunden la vida. ¿Cómo no pensar en los jóvenes
protagonistas de La Gaviota o Hamlet?
Incluso,
parafraseando su título, podríamos afirmar que, dado
como comienza -Miguel el héroe trata de alcanzar el objeto
deseado, Isabel - las relaciones de Cara de Plata con Isabel podrían
terminar en Comedia.
Y aunque
todo lo afirmado anteriormente está en la obra de Valle, ni
Cara de Plata es su protagonista, ni se trata de una comedia.
La obra
nos habla de dos soberbias antagónicas, la del Caballero Montenegro
y la del Abad. El Caballero es el auténtico héroe, no
Cara de Plata, y su rival es el Abad.
Montenegro
comienza rivalizando con su hijo por una cuestión amorosa y
termina enfrentandose con el Abad de Lantañón en una
batalla de arrogancias. Y aqui, en esta lucha de poderes tan actual,
reside la modernidad de la obra: la lucha entre el poder de una Iglesia
transgresora de las normas morales frente al poder de una Nobleza
transgresora de las leyes, con un pueblo al fondo sin aún conciencia
de clase.
¿No recuerda todo esto demasiado a nuestro mundo?
Un mundo
en constante transformación donde, los que tienen privilegios,
no quieren perderlos a cambio de nada. Por eso Don Juan Manuel Montenegro
está dispuesto a salvarse sacrificando a todos los que tiene
a su alrededor, sin miramientos o escrúpulos, aún a
riesgo de convertirse en el Diablo.
Pero, ¿acaso
nuestro mundo, todos nosotros, incluso el teatro, no está día
a día en las manos de diablos semejantes?
En este
cambio de siglo, ahora del X.Y al XXI, existen prácticamente
los mismos problemas que del XIX al XX aunque ahora el poder esté
únicamente en las manos de los Don Juan Man ueles de turno,
y de eso, de la lucha por el poder, de la no pérdida de privilegios,
del dominio de uno sobre casi todos, y a cualquier precio, es de lo
que nos sigue hablando Cara de Plata.
Lo demás,
ya se sabe, la hojarasca de Valle que el paso del tiempo vuelve más
caduca y lejana y que cada vez, nos interesa menos.
Etelvino Vázquez.